No es secreto que nuestro cerebro posee plasticidad; de ello habla, entre muchos otros, Joe Dispenza en sus libros. La mente no tiene circuitos cerrados, sino que es una carretera que siempre está en construcción. Hay autopistas bien cimentadas por las que el recorrido es rápido, en automático. Estas autopistas son muy transitadas y representan las acciones que realizas sin pensar, de forma mecánica. De ellas nacen carreteras nacionales y hasta locales, mucho menos utilizadas. También dispones de vías en desuso por las que solías circular y que ya no utilizas, al pensar y realizar tus quehaceres desde otro lugar o de otra manera.
Leer más…Una de las mayores trampas del autoconocimiento es creer que necesitas conocerte por completo para empezar a vivir de verdad.
Leemos, estudiamos, escuchamos podcasts, hacemos cursos online… Nunca antes la información había estado tan al alcance de la mano. Vivimos rodeados de conocimiento y, sin embargo, cada vez es más fácil sentir que aún nos falta algo para empezar.
Leer más…Cada elemento con el que interactuamos nos afecta y, lo aceptemos de forma consciente o inconsciente, nos nutre. Nos alimentamos de los vínculos que sostenemos, de las personas que elegimos, de los lugares que habitamos y de las creencias que sostenemos. Todo es nutrición. Pero hoy, quiero detenerme en el plato. Quiero mirar de frente cómo desarrollamos nuestra relación con el acto físico de nutrirnos y como esa historia ha ido evolucionando en nosotros. Alimentarnos es un intercambio de información.
Leer más…O palabras que fracturan el hielo generacional.
Hoy llamé por teléfono a mi padre para felicitarle por su cumpleaños. Esperaba lo de siempre, supongo que no pensé nada. Le felicité en un tono cordial y alegre y me respondió con un: «gracias, cariño». En ese instante, algo se resquebrajó en mi, desbordando en mí un caudal inmenso de emoción. Sentí una punzada en la garganta que apenas dejaba salir un hilo de voz en mí. Solo tenía ganas de llorar, como si fuera una presa, levantar barreras y que saliera mi emoción en llanto.
Leer más…El cuerpo es el mapa de los pensamientos cotidianos. En él, cada emoción es energía viva que circula y transforma el organismo. Aunque culturalmente se insista en separar mente y materia, la realidad es que somos una unidad indivisible. Imagina tu fisonomía como un territorio sagrado que acoge cada uno de tus sentires. Lejos de ser un enemigo que nos traiciona con dolores, este vehículo biológico siempre va a nuestro favor; nos protege en pro de la supervivencia y actúa como el testigo más fiel de lo que ocurre afuera, pero sobre todo, de lo que pensamos y sentimos por dentro. Por eso, cuando la mente se vuelve rígida, el cuerpo es el primero en levantar el escudo.
Leer más…Hay días como el de hoy, en el que más me cuesta sentirme bien con mi cuerpo. Me cuesta amarlo tal como lo ven mis ojos, como lo sienten mis manos y como me veo en la ropa. Supongo que alguna vez a todas nos ha ocurrido. Observo que voy a ciclos. Tengo días y, a veces, temporadas enteras en la que no me siento bien al mirarme al espejo. Esto viene desde hace mucho tiempo. Algo que creció conmigo y que, con los años fui entendiendo mientras me buscaba en muchos lugares.
Si habéis nacido en los 80 y los 90 como yo, habéis crecido en la comparación y las expectativas de los adultos; las proyecciones de los mismos miedos y complejos de las que nos precedieron. Recuerdo ver las famosas «Mamachicho», a Xuxa y a modelos y actrices y desear ser como ellas algún día. Creía que alcanzando ese físico, alguien te amará, tendrás muchas amigas maravillosas y en definitiva, serás muy feliz. El éxito pasaba por llegar a parecerse físicamente a un prototipo impuesto por la sociedad.
Leer más…Cuando una nueva versión de ti quiere emerger, empezarás a sentirlo desde bien adentro. Quizá con algunos cambios muy sutiles, puede tratarse de ser más fiel a tu sentir en determinadas situaciones o puede ser decir aquello que guardas y arde en tu garganta por salir.
Sin darte cuenta has dado fin a algunos hábitos antiguos e implementas unos nuevos, ni mejores, ni peores, sino más alineados a tu nueva energía y a tu ser.
Estoy en un proceso de ir re-conociéndome, como un descubrimiento de mi universo interno, de todas mis versiones y aprender a saber convivir conscientemente con todas ellas. También, de dar ese reconocimiento a todas las partes de mi ya habitadas y que me han hecho llegar a este punto de mi vida. Algunas todavía conviven en mi interior, otras ya no están. Vivo con entusiasta curiosidad mientras me pregunto cuántas más voy a conocer, las abrazo y amo antes de conocerlas.
Leer más…Hace unas semanas, recogiendo la habitación, encontré mi sello de la Primera Comunión. Cosas de la vida, ayer acudí como invitada a una comunión y, por ello, decidí ponérmelo. Mientras lo observaba, me quedé reflexionando en su significado. Nuestras iniciales como impronta de nuestra presencia física. Nunca había pensado en su simbología, esas dos iniciales grabadas hablan de mí, de mi pertenencia, de mi identidad. Es un sello físico y, a su vez, es un sello energético.
Alguien pensó en mi nombre antes de que yo existiera. Antes de conocerme, ya había un nombre esperándome. Hay algo sagrado en elegir cómo se llamará una vida.
Leer más…En algún momento, perdemos nuestro punto de referencia. Las expectativas de afuera pesan demasiado y nada o muy pocas cosas nos producen satisfacción interna. El camino se desdibuja, podemos sentirnos perdidos llenos de nuevas preguntas para las que no encontramos respuesta. Nos miramos al espejo y evitamos sostener la mirada a un ser que ya no reconocemos. Es ahí, cuanto toca cambiar la brújula y recordar. Volver a mirar la vida con los ojos de la infancia, rescatar lo que nos hacían vibrar y regresar, por fin, a nuestro verdadero hogar: nosotros mismos.
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Abrir un cajón, como gesto cotidiano, también es abrir una puerta al pasado. Hoy, con la excusa o motivo del cambio de temperaturas me puse a abrir armarios y cajones y echar un vistazo a todo lo que iba guardando ahí desde hace tiempo. Siempre dicen que ordenar la casa, es ordenar tu mente y estoy de acuerdo, ciertamente opera como una terapia en sí. El acto de sacar objetos, revisar su estado y funcionalidad, limpiar, desechar y volver a guardar lo que es útil, nos aporta conocimiento real de lo que tenemos, claridad mental y bienestar.
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