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Cuando la pereza trae el mensaje de algo más

Vamos por mitad de septiembre, el mes de volver a rutinas, regreso a hábitos…porque septiembre tiene unas «vibes» que recuerdan a enero. Mes de empezar o de vuelta a propósitos o quizá comenzar nuevo curso con nuevas actividades. O llegan novedades o bien regresamos a las rutinas marcadas desde antes del verano.

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Vacaciones Reveladoras

Acabo de regresar de unos días de vacaciones por el sur. Este año el verano se hizo eterno, estirándose con pesadez dado el calor que hemos sufrido, casi 40 grados todos los días, hasta que, por fin, llegaron los días de descanso tan esperados. Llegué a la meta con un nivel de fatiga que ya no se podía ocultar. Así me despedí de mis compañeros de trabajo: admitiendo, con total honestidad, lo agotada que me sentía y lo bien que me iban a venir estas vacaciones y el viaje a Cádiz.

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Del cuidado a la obsesión

Esta semana he vuelto a leer en Instagram a muchas mujeres atrapadas en el mismo bucle: culpa por ganar peso, sobrepensamiento, ansiedad, miedo al juicio y atracones. Lo primero que quiero decir es que me parece muy valiente admitir y compartir cómo uno se siente de forma pública. Es un gran paso, un acto de profunda generosidad. Al hacerlo, muchas mujeres pueden verse reflejadas, apoyadas y sostenidas en un proceso complicado que, normalmente, se oculta hacia los demás.

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Del «Ghosting» al «Breadcrumbing»: Cuando tú eres quien te da las migajas

¿Quién no ha vivido una situación de este estilo? Conoces a alguien y, de repente, desaparece como un fantasma. Y si, el ghosting duele pero la intermitencia destruye. Seguro que te suena esta dinámica: esa persona que aparece con una intensidad arrolladora, te llena de atención y, cuando ya estás enganchada, desaparece. Días después regresa como si nada, dándote la atención justa («migajas» o breadcrumbing) para mantenerte ahí, esperando.

Esta montaña rusa emocional activa un mecanismo cerebral idéntico al de las adicciones. Desencadena una ansiedad fuera de control, obsesión por mirar el móvil y una necesidad desesperada de recuperar esa intensidad del principio. Te rompe la cabeza no entender que ha ocurrido. No poner cierre con una narrativa que nos dé paz deja huella y reabre heridas emocionales que estaban ahí.

Pero, ¿y si trasladamos este tipo de actitudes a nosotras mismas? Parece absurdo que alguien se quiera hacer daño ignorándose o siendo intermitente en su cuidado y amor propio, sin embargo lo hacemos sin darnos cuenta. Nuestra mente prefiere lo conocido aunque duela, evita la incomodidad de sentir o de cambiar y esto responde a un acto de supervivencia latente en nuestro ADN.

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La renuncia a una misma como sacrificio obediente

Suena fuerte al leerlo, pero es algo que todavía vive en nosotras. El sacrificio como virtud.

Independientemente de nuestro rol de madres, hijas o amigas, sigue latente ese gesto automático de dejarnos para después. Aún sabiendo, en el fondo, que ese después nunca llega.

Lo veo cada día en las mujeres de mi vida. En mi familia, en mis amigas, en mis compañeras. Es algo que desde niña admiraba —y admiro, claro que sí— y que respeto por encima de todo. Pero ahora, además, lo veo con otros ojos. Nadie pensó en esa mujer que daba todo de sí misma para ser el pilar del hogar.

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Antes de una dieta, mira las rutas de tu mapa

No es secreto que nuestro cerebro posee plasticidad; de ello habla, entre muchos otros, Joe Dispenza en sus libros. La mente no tiene circuitos cerrados, sino que es una carretera que siempre está en construcción. Hay autopistas bien cimentadas por las que el recorrido es rápido, en automático. Estas autopistas son muy transitadas y representan las acciones que realizas sin pensar, de forma mecánica. De ellas nacen carreteras nacionales y hasta locales, mucho menos utilizadas. También dispones de vías en desuso por las que solías circular y que ya no utilizas, al pensar y realizar tus quehaceres desde otro lugar o de otra manera.

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La trampa del autoconocimiento

Una de las mayores trampas del autoconocimiento es creer que necesitas conocerte por completo para empezar a vivir de verdad.

Leemos, estudiamos, escuchamos podcasts, hacemos cursos online… Nunca antes la información había estado tan al alcance de la mano. Vivimos rodeados de conocimiento y, sin embargo, cada vez es más fácil sentir que aún nos falta algo para empezar.

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Nutrición Sagrada: cuando el control excesivo bloquea tu sistema nervioso

Cada elemento con el que interactuamos nos afecta y, lo aceptemos de forma consciente o inconsciente, nos nutre. Nos alimentamos de los vínculos que sostenemos, de las personas que elegimos, de los lugares que habitamos y de las creencias que sostenemos. Todo es nutrición. Pero hoy, quiero detenerme en el plato. Quiero mirar de frente cómo desarrollamos nuestra relación con el acto físico de nutrirnos y como esa historia ha ido evolucionando en nosotros. Alimentarnos es un intercambio de información.

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Palabras que desarman, palabras que curan

O palabras que fracturan el hielo generacional.

Hoy llamé por teléfono a mi padre para felicitarle por su cumpleaños. Esperaba lo de siempre, supongo que no pensé nada. Le felicité en un tono cordial y alegre y me respondió con un: «gracias, cariño». En ese instante, algo se resquebrajó en mi, desbordando en mí un caudal inmenso de emoción. Sentí una punzada en la garganta que apenas dejaba salir un hilo de voz en mí. Solo tenía ganas de llorar, como si fuera una presa, levantar barreras y que saliera mi emoción en llanto.

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Apertura mental y flexibilidad física

El cuerpo es el mapa de los pensamientos cotidianos. En él, cada emoción es energía viva que circula y transforma el organismo. Aunque culturalmente se insista en separar mente y materia, la realidad es que somos una unidad indivisible. Imagina tu fisonomía como un territorio sagrado que acoge cada uno de tus sentires. Lejos de ser un enemigo que nos traiciona con dolores, este vehículo biológico siempre va a nuestro favor; nos protege en pro de la supervivencia y actúa como el testigo más fiel de lo que ocurre afuera, pero sobre todo, de lo que pensamos y sentimos por dentro. Por eso, cuando la mente se vuelve rígida, el cuerpo es el primero en levantar el escudo.

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